La esperaba en el coche, mientras enormes gotas salpicaban contra las ventanillas. Llovía, pero en esos momentos el tiempo era del todo irrelevante. Se iban a Londres, a París o a Nueva York, California, Milán o a ninguna de esas ciudades. Tampoco importaba mucho el lugar. Ya eran las 19,37, "C" seguía conservando su impuntualidad de siempre. La vió bajar las escaleras de su pequeño portal, una a una, con su gracia natural. La miraba, se había puesto la pulsera, la que compraron ayer para ocultar en casa su novedad, un bonito tatuaje, que sólo él podía descifrar.
"C" es es como un torbellino, siempre tiene algo bajo la manga, unas entradas de cine, una partida de dardos, una victoria al billar, casi siempre me sorprende al menos 9 de cada 10 veces. Se mete al coche, con sus ganas de jugar de siempre, y me vuelve a asombrar, esta vez lleva zapatillas de flores. ¿Quién lleva unas zapatillas de flores? "C".
"C" lleva zapatillas de flores, medias verdes, falda cortada, y mi sudadera de los lakers; Peculiar como la que más, por eso me encanta. Está intrigada y me hace cosquillas dónde sabe que no las resisto. Quiere saber dónde la llevo pero no puedo, no puedo por ahora, es demasiado para romper la magia con las palabras, quiero dejarla atónita por una vez. Me hace salir del coche, dice que es importante, que será cuestión de segundos, o de minutos como mucho si se hace largo... Sale ella también, me mira, me aprieta y se acerca poco a poco, tan divertida como cuándo me besó por primera vez, ligera, tranquila, agradable...y me susurra suaves palabras que se quedarán siempre en mis entrañas. Se para el tiempo. Pero la lluvia continúa, la ciudad también, hay tanta gente paseando por las calles, chipiándose, malhumorados, desganados, pero en ese pequeño espacio dónde están J y C llueve de otra manera...llueve lento, llueve magia. Llueve todo.

